Saliendo
de mi propia puerta, puedo caminar con facilidad diez, quince,
veinte, cuantas millas sean sin pasar cerca de casa
alguna, sin cruzar un camino, excepto los que trazan el zorro y el
visón […]
Me complace ver cuán pequeño espacio ocupan en el paisaje el
hombre y sus asuntos, la iglesia, el estado y la escuela, los oficios
y el comercio, las industrias y la agricultura; incluso el más
alarmante de todos, la política […] también ese mundo es
limitado, no lo ocupa todo. Yo paso ante él como ante un campo de
judías en el bosque, y lo olvido.
Réplica de la cabaña de H. D. Thoreau en Walden (Concord, Massachusetts, EE.UU.)
Yo me adentro en la Naturaleza, como lo hicieron los profetas y los poetas antiguos, Manu, Moisés, Homero, Chaucer […] Hay más verdad sobre lo que yo he visto en la mitología que en ninguna de las denominadas historias de América.
¿Por
qué resulta a veces tan arduo decidir hacia dónde caminar? Creo que
existe en la Naturaleza un sutil magnetismo y que, si cedemos
inconscientemente a él, nos dirigirá correctamente.
Emplazamiento original
La
Naturaleza salvaje es lo que preserva el mundo. En busca de ella
extienden los árboles sus fibras […]
La historia de Rómulo y Remo
amamantados por una loba no es una fábula sin sentido […]
Porque los hijos del Imperio no fueron amamantados por la loba,
acabaron conquistados y desplazados por los hijos de los bosques
septentrionales, que sí lo habían sido.
Los
que han pasado mucho tiempo viajando por las estepas de la Tartaria
dicen: “Al volver a tierras cultivadas, nos agobiaba y nos sofocaba
la agitación, el aturdimiento y el tumulto de la civilización; el
aire nos parecía insuficiente y nos sentíamos a cada momento a
punto de morir de asfixia”.
Una
ciudad se salva tanto por sus hombres dignos como por los bosques y
los pantanos que la rodean. Un municipio con un bosque primitivo
meciéndose a un lado, y otro pudriéndose al lado contrario está en
condiciones de producir no sólo maíz y patata, sino también poetas
y filósofos para las épocas venideras.
"Walden o la vida en los bosques", 1854 (Ilustraciones de su hermana Sophia)
En
Literatura, sólo lo salvaje nos atrae. El aburrimiento no es sino
otro nombre de la domesticación. Lo que nos deleita de Hamlet
y La Iliada, de todas las Escrituras y las mitologías, es la
visión del mundo incivilizada, libre y natural, que no se aprende en
las escuelas.
Los
hindúes soñaron que la tierra descansaba sobre un elefante, y el
elefante sobre una tortuga, y la tortuga sobre una serpiente; y
aunque pueda ser una coincidencia sin importancia, no estaría fuera
de lugar decir aquí que se ha descubierto recientemente en Asia un
fósil de tortuga lo bastante grande como para sostener a un
elefante.
Confieso que soy aficionado a estas fantasías
estrambóticas que trascienden el orden del tiempo y la evolución.
Constituyen el más sublime esparcimiento del intelecto.
Cuaderno con entradas a partir de 1837 (Morgan Library & Museum)
Hemos
oído hablar de una Sociedad para la Difusión de Conocimientos
Utiles. Se dice que saber es poder y cosas por el estilo.
Me parece
que tenemos igual necesidad de una Sociedad para la Difusión de la
Ignorancia Util, a la que llamaremos Conocimiento Bello, una
sabiduría provechosa en un sentido más elevado: pues, ¿qué es la
mayor parte de nuestra llamada sabiduría, tan cacareada, más que la
presunción de que sabemos algo, lo que nos roba la ventaja de
nuestra ignorancia real? […] un hombre acumula una miríada de
datos, los almacena en su memoria, y luego, cuando en alguna
primavera de su vida deambula fuera de casa, por los Grandes Campos
del pensamiento, se lanza hacia la hierba como un caballo, por
decirlo de alguna manera, y deja todos los arreos atrás, en el
establo.
A veces les diría a los de la Sociedad para la Difusión de
Conocimientos Utiles: «Láncense
a la hierba. Ya han comido heno demasiado tiempo. Llegó la primavera
con su verde cosecha».
En
Nueva Inglaterra acostumbramos a decir que cada año nos visitan
menos pichones […]
Diríase
que, de la misma manera, cada año visitan menos pensamientos a los
hombres en edad de crecer, pues la arboleda de nuestras mentes ha
sido devastada, vendida para alimentar innecesarias hogueras de
ambición, o enviada a la serrería, y apenas queda una ramita en
que posarse. Ya no anidan ni crían entre nosotros […] somos
incapaces de descubrir la sustancia del pensamiento mismo.
Nuestras
aladas ideas se han convertido en aves de corral […] ¡Aquellas
gr-an-des ideas, aquellos gr-an-des hombres de los
habréis oído hablar!”
Walden Pond, 2023 (Fotografía: Erik Granlund)
“Lo
que percibas, no lo percibirás como algo concreto”, dicen los
oráculos caldeos.
Sobre
todo, no podemos permitirnos el lujo de no vivir en el presente.
Bendito entre todos los mortales quien no pierda un instante de su
fugaz vida en recordar el pasado.
El
mundo con el que estamos familiarizados no deja rastro y no tendrá
aniversarios.
“Caminar”.
Henry David Thoreau, 1862.
Ardora
Ediciones, Madrid, 1998. Traducción: Federico Romero.
En
recuerdo de Paloma Acebes Cano,
fallecida en los primeros días de
enero.
Nos
quedan sus valiosos talleres y su excelente escritura.
Fuente: kuize.com